domingo, 1 de septiembre de 2013

El calor de los recuerdos.

Domingo de otoño, frío instantáneo. El reloj no está dispuesto a regalarnos tiempo. Chocolate caliente y un montón de papeles amontonados. Sudadera gris, moño deshecho y ni rastro de una sonrisa alegre. Juego con el bolígrafo mientras me arrastran los recuerdos. Sueños que se quedaron atrás, quieren que vaya a por ellos. No es el momento, eso dicen todos. No hay tiempo para pensar en ti, es lo que dicen todos.
La nostalgia siempre consigue lo que quiere conmigo y hoy le apetece comerme viva. ¿Quiere que eche de menos? Pero si eso ya es rutina. Todo es rutina cuando el día le cambia el turno a la noche, a las 7 de la tarde. Escalofríos y ningún abrazo cálido al que refugiarme. Ahora nada de aquello va a volver. La distancia también sufre nuestra historia. Por mucho que sabía que aquello tenía escrito la palabra 'fin', jamás hubiese imaginado sentirme así. Abrazos robados, miradas cómplices. Nada podía ser mejor. Regalos inesperados, felicidad hasta en las pestañas. Éramos dueños del mundo. Besos de los buenos, caricias amigas. Susurros bajo una colcha azul marina, manos unidas por los paseos de San Sebastián. Tendré que hacer las paces con el presente y darle una oportunidad. Domingo de otoño, calor de recuerdos. La distancia también sufre nuestra historia.

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