Eres la combinación perfecta
de las palabras que no me atrevo a decir
y la locura de intentarlo todo
―absolutamente todo―,
por ti.
Quizás todo se trate de eso,
de las ganas de ventaja
que te llevan mis besos
y de la carrera continua
en la que se haya mi corazón
desde que te conoció.
Todavía sin explicación aparente,
sin respuestas válidas,
sin preguntas coherentes,
sin nada,
sin ti.
¿Y sabes qué es lo que se dibuja
en la mente de esta ingenua
cuando te piensa un poco
y te dice mucho menos?
Te ve caminar,
en cualquier lugar,
en un pasillo en una calle en el aire,
tambaleando el cielo a tus pies,
ignorando que cada paso
es lo más parecido al mejor regalo
que jamás el mundo podrá tener.
Corrígeme si me equivoco
cuando digo que te quiero intentar,
así como resolver un problema
―con la evidente diferencia de que tú,
eres todo lo contrario a ello―,
más bien la solución.
Seamos la mejor metáfora
o el peor verso de la historia
para ser recordados,
juntos,
al menos.
Vuelve a corregirme si miento
cuando digo que le das vida
a la vida,
que la sed te bebe a ti
y que las nubes son tus dudas,
enmascaradas en tus pestañas
―pues no dudaría al pensar
que el océano comienza en tus ojos,
a pesar de ser del color de la tierra
humedecida entre mis labios―
Y me tienes por un lado,
sin palabras suficientes que poder decir
y por otro en cambio,
regalándote inventos,
mil y un cuentos
con final feliz
―pero todavía sin argumento―
que salen de mis pensamientos,
de mis sentimientos,
supongo.
Por eso digo que,
eres la combinación perfecta
de las palabras que no me atrevo a decir
y la locura de intentarlo todo
―absolutamente todo―,
por ti.
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