Todavía no sé cómo lo haces.
Eso de quedarte clavado
en mis indecisiones
y no despegar nunca
las ganas de volverte a ver.
Hacer que las calles
lloren tu nombre si no las pisas,
volver un día nublado
en una tormenta de sonrisas.
A veces...
me pregunto si los minutos
te hablan de mí
o tan sólo soy un reflejo más
de lo que ya ha pasado
―y no ha ocurrido―.
Sé perfectamente
que los andenes
esperan menos que yo
a que llegue el tren,
que los relojes
vuelan más rápido
que las mariposas
que me invaden
cuando me miras.
Aunque parezca
que se pare el tiempo,
por dentro todo
pasa muy deprisa.
Por eso suelo acudir
a tu imagen
y aferrarme a ella
cuando necesito huir.
No me apetece perder la cabeza
por el mundo,
pudiendo perderla
―perfectamente―
por ti.
Perderme,
entre el destello de tu mirada
cuando te da el sol de cara
a las once y treinta y tres
o esconderla bajo tus sonrisas,
―tímidas―,
allí por donde
hace presencia tu hoyuelo
dibujado en tu piel.
Muchas veces pienso
que estoy completamente loca
por querer lanzarme a tus brazos
y que ellos me acojan,
me cobijen
y actúen como susurro
directo al corazón.
Ése que late tan rápido
cuando nos miramos
y nos decimos la vida en silencio
y la muerte en suspiros.
Todavía no sé como lo haces...
Eso de quedarte clavado
en mis indecisiones
y no despegar nunca
las ganas de volverte a ver.
Hacer que las calles
lloren tu nombre si no las pisas,
volver un día nublado
en una tormenta de sonrisas.
A veces...
me pregunto si los minutos
te hablan de mí
o tan sólo soy un reflejo más
de lo que ya ha pasado
―y no ha ocurrido―.
Sé perfectamente
que los andenes
esperan menos que yo
a que llegue el tren,
que los relojes
vuelan más rápido
que las mariposas
que me invaden
cuando me miras.
Aunque parezca
que se pare el tiempo,
por dentro todo
pasa muy deprisa.
Por eso suelo acudir
a tu imagen
y aferrarme a ella
cuando necesito huir.
No me apetece perder la cabeza
por el mundo,
pudiendo perderla
―perfectamente―
por ti.
Perderme,
entre el destello de tu mirada
cuando te da el sol de cara
a las once y treinta y tres
o esconderla bajo tus sonrisas,
―tímidas―,
allí por donde
hace presencia tu hoyuelo
dibujado en tu piel.
Muchas veces pienso
que estoy completamente loca
por querer lanzarme a tus brazos
y que ellos me acojan,
me cobijen
y actúen como susurro
directo al corazón.
Ése que late tan rápido
cuando nos miramos
y nos decimos la vida en silencio
y la muerte en suspiros.
Todavía no sé como lo haces...
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