miércoles, 22 de julio de 2015

Efectos secundarios.

Página 1:

No huyo de ti, huyo de todo lo que me provocas. No eres tú, no soy yo: son los efectos colaterales de haberte querido demasiado, la letra pequeña de los derechos que nos dimos, la resaca de los días que me emborrachaste con tu risa. 

Página 2: 

Que no, que no eres tú, sino la droga de tus labios. Quiero darte otra calada pero no debo volverme adicta. De verdad, lo estoy dejando... Tengo que parar de pensar que por intentarte otra vez más no me va a pasar nada. Porque sí que pasa: cada vez que vuelvo a ti, me es más difícil dejarte ir. Y todo lo que me hacías subir, me tiras en picado. Me vuelas muy arriba, me caigo muy abajo. Estúpida drogadicta.

Página 3: 

Quererte es nadar entre las nubes. Precioso, ¿verdad? Lástima que siempre termine habiendo tormenta. Me pilla la lluvia y no puede evitar contagiarme. Y aunque me aferre a los rayos y a los truenos, no sé controlar la situación. Sí, a pesar de ser experta en la meteorologia de nuestra historia. Quererte es ahogarme mientras vuelas.

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