domingo, 2 de noviembre de 2014

Posdata, todo.

Comienza noviembre pisándome con el pie izquierdo. Me gustaría creer que se trata de una falsa alarma, que el despertador seguirá sonando como siempre y yo seguiré siendo la misma. Pero para qué mentirme, si yo sé la verdad de todo este asunto. Aunque no sepa si hay asunto en todo esto, ni remitente, ni un posdata que me diga en cursiva que todo pasa por algo bueno y que recuerde que la esperanza es mi color favorito. Nada de nada, que es igual a cero y eso que jamás me gustaron las matemáticas. Siento agotada esa parte de mí que me pide paciencia, que me ruega fuerza y me besa la sonrisa de las fotografías. Y es que camino perdida desde hace tiempo, a pesar de que creía haber encontrado mi lugar. Sólo se trataba de un espejismo. Continúo perdida y no hallo manos sinceras a las que aferrarme ni hombros apuestos que me quieran por un rato. Si fuese una palabra seguramente sería "caos" con la c de complicada, la a de adiós, la o de olvido y la s de siempre. O tal vez el motivo de todo soy yo. Puede que todo no vaya tan mal, pero no puedo evitar sentirme como un dibujo abstracto roto en mil pedazos y esparcidos quién sabe dónde. Porque sin duda todo ha cambiado, para bien, para mal, para nada, para todo. Todo ha cambiado. ¿Será esa la razón por la que el miedo hace acto de presencia? ¿Será esa la razón por la que la inseguridad se presenta segura de querer jugar con mis sentimientos? Probablemente. Una vez me dijeron que todo cambia y me negué a aceptarlo, supongo que sigo haciéndolo. Y a la suma de todo están los altibajos que un día me hacen rozar las nubes y otros me hacen sentir el frío del suelo. Digamos que hoy tengo frío, digamos que hoy quiero sueños. Resulta tan extraño todo esto: hablar contigo de otros, curar corazones rotos con palabras que jamás he vivido y sentir que soy yo la que no vivo ya mis propias palabras que un día lo fueron todo. Sé que estoy esperando a ese abrazo que derrumbe todos esos muros que siguen sosteniéndose como pueden. Sé que estoy, simplemente, esperando. A que ocurra eso, eso que consiga marcar un antes y un después definido y no una línea difusa que ni te hace estar en el ahora ni en lo que quedó atrás. Eres tú el único que puede encontrarme entre la multitud de mis "estoy bien" y los "siempre está sonriendo" de los demás. Eres tú el único que puede conocerme, porque te doy mi permiso y el de todos mis demonios que viven dentro de mí. Eres tú el único que puede conseguir que se duerman y parezcan ángeles al dormir. Eres tú el único que puede tocarme, acariciarme o sentir el contacto de mi piel y lo que ocurra debajo de ella, porque los demás no saben quién soy y no está bien tocar corazones desconocidos. ¿He dicho corazones? Perdóname, he dicho algo que no quería no decirte. Y siempre acabas siendo tú, siempre tú, el que termina mis textos. Como si fueses ese posdata del que hablaba. Como si tú fueses la palabra esperanza de carne y hueso. Y de belleza y perfección. Como si tú fueses el que me dijera que todo pasa por algo bueno. Y lo único bueno que me pasa eres tú. Pero perdóname de nuevo, la palabra esperanza no te llega ni a la suela de los zapatos. Si tengo que caer, si tengo que perderme y no volver... será para perderme contigo y no volver a sentir toda esta mierda que un domingo se apodera de mí porque no estás aquí y porque parece que todo resulta irme mal. Porque mal no es sinónimo de cambio, pero cuando se combinan... cielos, cuando se combinan eres tú el único que como siempre puede ser el antónimo perfecto. Al fin y al cabo, estás ganándote el puesto de persona favorita y eso que ya sabes, que nunca he sabido diferenciar ese término. Resulta que contigo estoy aprendiendo algo más que a quererte. ¿He dicho quererte? No me perdones esta vez, puedes ahorrártelo. Sólo abrázame.

No hay comentarios:

Publicar un comentario